domingo, 7 de enero de 2007

HOMENAJE A CASTELAO, EN EL PROGRAMA CON VÓS

EN EL 57º ANIVERSARIO DE SU PASAMENTO

Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao, nació en la localidad coruñesa de Rianxo en 1886, y murió en el exilio, en Buenos Aires, el 7 de enero de 1950. Importante político, escritor, pintor, y dibujante gallego. Uno de los padres del nacionalismo gallego. Estudió medicina, pero confesaba: "Fixenme médico por amor a meu pai; non exerzo a profesión por amor á humanidade" ("Me hice médico por amor a mi padre; no ejerzo la profesión por amor a la humanidad").
Hijo de Manuel Rodríguez Dios, pescador, y de Joaquina Castelao Genme. Manuel emigró a Argentina a los tres meses del nacimiento de Daniel, y en el transcurso del 1895 Joaquina emigró también, llevando al pequeño Alfonso, para ir a vivir con su marido en Bernasconi, en la Pampa. Allí residió hasta 1900 y según cuenta el propio Castelao descubrió el valor de la caricatura leyendo Caras y Caretas.
Estudió medicina en la Universidad de Santiago de Compostela. Durante sus años en la universidad brota su interés por el dibujo y la pintura y en especial por la caricatura. En 1908 expuso sus dibujos en Madrid y comienza a colaborar con la revista Vida Gallega. Entre 1909 y 1910 hace un curso de doctorado en Madrid y participa en la III Exposición Nacional de Humoristas y colabora como ilustrador con El Cuento Semanal. En 1910 se especializa en Santiago en obstetricia y al terminar se instala en su Rianxo natal.
Después de leída esta corta biografía extraída de Wikipedia , reseñamos facetas del "Guieiro", tomadas en su mayoría del libro Sempre en Galiza, que publicara en Buenos Aires y que transcribimos a continuación

CONFERENCIA SOBRE EL ARTE

El 21 de noviembre de 1932, pronunció una extensa conferencia sobre el arte, en el paraninfo de la Universidad de Santiago, de ella extraje el siguiente tramo: .....Si los artistas jóvenes gallegos me pidiesen un consejo yo les diría: No huyan de la naturaleza ni renieguen de vuestra técnica inocente. ¡ La naturaleza! dejadme repetir ahora lo que ya dije en otro lugar.
Yo no sé si Dios le puso rabo a los caballos para que espanten las moscas, y menos puedo decir que nos dio nariz para cabalgar los anteojos, y orejas para trabar las riendas de los mismos. Pero hay hombres que aseguran permanentemente, que el pararrayos es un triunfo del hombre contra la naturaleza, cuando en verdad es una defensa que la buena naturaleza nos dio para que nos defendamos de los rayos, pues si ella quisiera éstos se ensartarían en las cabezas de los hombres y no en las puntas metálicas.
El hombre se puede envanecer de haber inventado el paraguas contra la lluvia y ya es bastante.
Más aún hay hombres que piensan que hacen hijos y dicen que hacen hijos con la misma jactancia con que un zoqueiro di que fai zocos. A esta clase de hombres, estúpidamente tontos, pertenecen muchos artistas que aseguran ser creadores, en absoluto, de sus obras de arte...¡no! los hombres, aunque sean artistas no son dioses. Y nadie puede negarme que el primer sorprendido delante de una obra de arte es su propio autor, del mismo modo que un padre ante la hermosura de un hijo recién nacido.
El artista es padre de sus obras de arte, aunque esto no lo priva de ser creador de sus obras malas y perecederas.

REFIRIÉNDOSE AL IDIOMA

Estamos hartos de saber que el pueblo gallego habla un idioma propio, hijo del latín, hermano del castellano y padre del portugués. Idioma apto y apropiado para ser vehículo de una cultura moderna y con el cual podemos comunicarnos con más de sesenta millones de almas (hoy, muchos más ).
El gallego fue instrumento maravilloso de la gran y única poesía lírica de Hispania y en el escribían los ingenios peninsulares -tanto de dentro como de fuera de Galicia-, cuando la lengua de Castilla no tenía categoría literaria.
El gallego es un idioma extenso y útil, porque con pequeñas variantes, se habla en Brasil, en Portugal y en las colonias portuguesas.
El gallego resurgió en el siglo pasado con poetas tan notables como Rosalía, Curros y Pondal. Nuestro idioma es tan hermoso que un poeta andaluz como García Lorca -el poeta mártir- no resistió su embrujo y compuso seis poemas en gallego. El gallego -sólo rechazado por los señoritos o por los trabajadores que quisieran ser señoritos- es hoy el idioma que prefieren los intelectuales como vehículo de nuestra cultura; pero
Aunque careciera de tantos méritos contraídos, le sería suficiente ser el habla del pueblo trabajador para estar dignificado por si mismo, pues el gallego es una ejecutoria viva del trabajo y una cédula honrosa de ciudadanía y democracia. No olvidemos que si aún somos gallegos es por obra y gracia del idioma.
Un gallego puede hablar castellano con el mismo interés con que habla cualquier otra lengua extranjera, pero en cuanto un gallego habla el castellano como lengua propia deja de ser gallego sin que por eso llegue a ser castellano.
A nuestra habla popular viva y gloriosa, los imperialistas le llaman dialecto. Y yo les preguntaría: ¿dialecto de que idioma? ¿del que ustedes llaman español? de ninguna manera, porque el idioma que ustedes impusieron por la fuerza es un hermano menor del gallego, ¿acaso queréis decir que es un dialecto del latín? Pues entonces llámenle dialecto al francés, al italiano, al rumano, porque también son hijos del latín y hermanos del gallego.
Yo les diría más: Prohibisteis el gallego en las escuelas para producir en el espíritu de nuestros niños un complejo de inferioridad, haciéndoles creer que hablar gallego era hablar mal, y que hablar castellano era hablar bien. Expulsasteis el gallego de las iglesias, haciendo que los representantes de Cristo explicaran el Evangelio en el idioma oficial, que el pueblo no hablaba ni comprendía bien.
Desechasteis el gallego ante los tribunales de justicias y llegasteis a castellanizar bárbaramente las toponimias gallegas. ¿Y de que os valió? Porque después de más de cuatro siglos de política asimilista, ejercida con total riqueza de astucias y violencias, nuestro idioma sigue vivo. Sois pues, unos imperialistas fracasados.

LA POLÍTICA

En diciembre del 32 se crea una comisión para elaborar un proyecto de estatuto de autonomía del que será principal sostén Alexandre Bóveda. En ese mismo año se aprueba el estatuto de Cataluña. En noviembre del 33 hay una gran crisis institucional y se llama a elecciones; la derecha gana con amplia mayoría en España y Galicia, los galleguistas sufren estrepitosa derrota quedando sin representantes en el parlamento. A Castelao se le impone un destierro en Badajoz y a Bóveda en Cádiz (1934). En febrero del 36 con el triunfo del Frente Popular en las elecciones generales ambos vuelven a Galicia.
La república que como dijimos había aprobado el estatuto de autonomía de Cataluña y luego el de las Vascongadas, siempre puso trabas al de Galicia. 
Dijo Castelao: Los republicanos nos causaron mucho daño, porque siendo ellos los únicos obligados a comprendernos, eran justamente, los que nos acusaban de separatistas y retrógradas. Es necesario decir que algunos se sentían compasivos y sólo nos llamaban ilusos, locos o tontos. La incomprensión de estos "avanzados" fue lo que nos obligó a dejar la política militante para entregarnos de lleno a la labor cultural y preparatoria, que tan buenos servicios prestó a Galicia, pues no tardamos en ser comprendidos por la juventud y en crear un ambiente de galleguidad que se infiltró en todas las entidades democráticas. Y cuando llegó la hora fuimos nosotros los galleguistas, mejores republicanos que los profesionales del republicanismo.

DESTERRADO EN BADAJOZ

En el destierro escribió: Me acuerdo de algunos gallegos que viven pro seu bandullo, porque son juiciosos y no sufren las vicisitudes de los demás. Parece que tienen el pesimismo de los viejos y aún no se aventuraron en ninguna empresa. Parece que tienen el escepticismo de los que están de vuelta y aún no se arriesgaron a viajar. Parece que son dueños de la verdad y aún no pasaron hambre ni sed. Parece que triunfaron en alguna lucha terrible decisiva y no hicieron más que huir ante los peligros. Parece que merecen lo que ganan y no se dan cuenta de la suerte que los ayuda. Parece que están capacitados para regalar consejos y con sus sentencias egoístas se acabaría el mundo. Son interesados, trabajan para su provecho y no conciben más ideal que el de vivir desahogado y sin dolores en el estómago.
Estos son los que me decían: ¿Por qué te metiste en política? La política es una cochinada y tu estarías mejor en tu casa haciendo arte. Son gallegos y no conciben que Galicia pueda salvarse con una política honrada. Son gallegos y no saben que Galicia necesita una política propia, para lograr el desarrollo normal de su economía. Son gallegos y no se dan cuenta de la necesidad de una política que garantice la vida de nuestra cultura. Son gallegos y no saben que tenemos un destino histórico que cumplir en España y en el mundo. Estos son los que dicen:
Yo no siento la necesidad de hablar gallego (porque esa necesidad no se siente en el estómago)
Yo me siento bien donde pueda vivir con desahogo (porque llevan la patria en la suela de los zapatos)
Yo no creo en nadie (porque tampoco creen en si mismos)
Yo reniego de la política (porque saben que la política da disgustos)
Yo me río de los políticos (porque quizás no tuvieron la oportunidad de lamerle los pies)
Yo no pertenezco a ningún partido (porque no quieren comprometer su tranquilidad).
Así son muchos gallegos serios y sensatos en apariencia, que visten bien e imponen respeto a sus consocios del casino. Cualquier día un gallego de estos, que no quiere meterse en política pasa súbitamente a ser directivo de una entidad que defiende intereses, y lo veréis sentado en un banquete, al lado de cualquier político inmundo.
Hace muchos años llegó a Badajoz un empleado público gallego a quien le gustaban las resecas tierras del sur. Y como no pudo ir a Andalucía se conformó con Extremadura donde se casó y ahora es un jubilado que lee el ABC y pasea arrastrando los pies por el puente del Guadiana con un clavel en la solapa.
Me lo presentaron por ser gallego y hoy me tentó el demonio a pasear con él ¡que de pavadas tuve que escuchar!. Me habló de las corridas de toros, de la lotería nacional, de los grandes políticos gallegos y del asco que le inspira el catalanismo. Me dijo que no sabe como hay quien viva en nuestra tierra con tanto llover y llover. Me dijo que el atraso de nuestros labriegos se debe a que no hablan en español.
Yo sabía de muchos que se salvaron de la mili pagando seis mil reales y podían haberse salvado por tontos, como se de muchos que llegan a jubilarse por la edad y que padecían de incapacidad congénita cuando se les regaló la credencial. Sabía que los imbéciles más fenomenales que parió nuestra tierra andan bien vestidos, y muchas veces llegan a "excelentísimos señores" por riguroso turno de antigüedad. Llegué a saber que algunos tontos de nacimiento charlatanean envanecidos desde los sillones de la universidad. Yo sabías todo esto; y siempre logré huir de semejantes corsos. Y hoy ¡quien lo diría! Caí en Badajoz.
Hermanos huid siempre de los tontos, no os acerquéis a ellos, porque pueden robaros algo de vuestra razón y transmitiros su tontería. Dejadlos pasear, hablar, bailar y crecer en su mundo. Y si algún tonto llega a ser autoridad no os asombréis, porque son cosas del sistema que combatimos y de los tiempos en que nos tocó vivir.

NO RACISTA

Para nosotros los gallegos, acostumbrados a recorrer el mundo y a convivir con todas las razas, el nacionalismo racista es un delito y también un pecado. Jamás medimos los diámetros de nuestro cráneo, ni se lo medimos a nadie para ser admitido en nuestra comunidad. Cierto que nos sentimos celtas; pero más que pensar en los invasores que nos dieron el impulso genético de nuestra unidad espiritual, pensamos en las afinidades étnicas que no asemejan a otros pueblos atlánticos, que viven en los finisterres irlandeses, galeses, bretones, etc. Y tales signos diferenciales los atribuimos al poder creador de la tierra madre, molde que nos va haciendo a su imagen y semejanza. El sol es único para todos los hombres del mundo, pero hace negros en África y blancos en Europa. Y nuestra tierra tiene el poder suficiente para hacer blancos a los negros.
Y aquí resume un cuento escrito por él: Érase un "habanero" que trajo un muchachito negro, como podía traer un papagayo ó un fonógrafo. El "habanero" murió, el negro llegó a muchacho, y sintió como cualquier gallego la necesidad de recorrer mundos, y emigró a Cuba, pero la morriña no lo dejaba vivir allí. Y harto de llorar volvió a "su" tierra. No traía dinero, traía un traje nuevo un baúl vacío y mucha alegría en el corazón. Aquel negro era gallego.

EL ESTATUTO Y EL LEVANTAMIENTO ARMADO

El 28 de junio de 1936 se aprueba en un plebiscito el estatuto de autonomía. Había 1.343.135 electores habilitados, votaron a favor 993.351, en contra 6.161, en blanco 1.451. El quórum necesario eran 895.423 votos sobraron 97.927.
En julio se produce el alzamiento militar y en agoto fusilan a Alexandre Bóveda.
Siguió luchando por el estatuto, el que finalmente tomó estado parlamentario en las cortes de Montserrat el 1 de febrero. Ese año deja España y en 1940 escribe en Nueva York: Me salvé de la muerte, con la vida a cuestas por caminos que jamás pensé recorrer. Va conmigo la Santa Compaña de los mártires gallegos, y ando con ellos siguiendo la estrella del galleguismo. No hay sufrimiento mejor para un patriota desterrado y nadie puede exigirme que cargue con dolores ajenos. Me alcanza con ser gallego. Y más aún después de perder la fe en los hombres con quienes estábamos vinculados. Si algo puede expresar mi pluma es el respeto que me inspira el pueblo español; pero este pueblo no es solamente el que sufre en los campos de concentración en Francia, ni el que anda sin rumbo por tierras de América, sino el que vive y muere en silencio avasallado en España por los militares triunfantes. Permitidme decir que tengo más confianza en los españoles vencidos que en los desterrados. Tengo más fe en los juncos -doblados por la correntada, pero firmes, con las raíces en la tierra- que en los árboles que arrastró la corriente, porque cuando las aguas vuelvan a su cauce natural, el juncal revivirá y se pondrá de pie.

AUTODEFINICIÓN

Claro está que yo no he sido nunca un político profesional. La política no ha sido nunca mi profesión; pero si mi vocación, la vocación de toda mi vida. Compara el sentimiento gallego de mis primeros dibujos con la idea galleguista de mi reciente libro y veréis que son una misma cosa, y veréis que yo he sabido conservarme idéntico a mi mismo y que mi vida moral y política es una línea recta como la franja azul de nuestra bandera. Yo no he cultivado jamás el arte por el arte. El arte para mi no ha sido más que un elemento, un recurso, un medio de expresión, y con el lápiz o la pluma sólo he querido ser un intérprete fiel de mi pueblo, de sus dolores y de sus esperanzas: Dibujé siempre en gallego; escribí siempre en gallego y si sacáis lo que hay de gallego y de humano en mi obra no quedaría nada de ella.

DICHO POR OTERO PEDRAIO

"Llegó a tener en Buenos Aires una verdadera adoración como la que tenía en Galicia. Recordaba las últimas elecciones de la República: Aquellas elecciones con la votación enorme que hubo en Pontevedra, excedían los límites de los partidos políticos. Aquello era adoración como a un jefe de pueblo. Y podemos decir que en todo el transcurso de los siglos XVIII y XIX no hubo un jefe del pueblo, del pueblo de Galicia, como Castelao. Un jefe que no era jefe de un partido político; un jefe que era un jefe sentimental, un jefe de esperanzas; una especie de patriarca, una especie de Moisés, para decirlo con palabras ilustres y que no pueden mentir".
"Y con nuevas fuerzas nuestros cansados brazos de anciano estrechan la sombra fina del incomparable amigo, la más hermosa y noble presencia de la Galicia de todos los tiempos".